Desarrollo de la revolución francesa para Tercero de Secundaria

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La Revolución Francesa (Desarrollo)

De esta forma se Revolución Francesa:

El Final del Absolutismo: Libertad e Igualdad

Luego de estos alborotos populares –fomentados por la Comuna– la Asamblea pudo restablecer el orden, y mientras se elabora la Constitución, dictó una serie de magníficas reformas. Los diputados, en su mayoría burgueses, imbuidos de ideas rousseaunianas, tomaron a us cargo el gobierno del país, y sin ser molestados en lo mínimo por el Monarca, en un par de años desmontaron todo el sistema Absolutista de Francia.

En la memorable tarde del 4 de agosto, en medio del mayor entusiasmo, la Asamblea aprobó la tan soñada igualdad social mediante la supresión definitiva de los “privilegios”: se abolió la servidumbre feudal aún subsistente, las excepciones de impuestos, los diezmos, los tribunales especiales y hasta los títulos nobiliarios.

Pocos días después, y a ejemplo de las colonias americanas, se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre, entre los que se contaban la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

En los meses siguientes, se dictaron otras acertadas medidas: se reformó el Código Penal suprimiéndose la tortura y las persecuciones por motivos religiosos; se reorganizó el país, dividiéndolo en sus actuales departamentos o provincias; se modificó el escalafón militar haciendo posible el ascenso a oficiales pertenecientes a la clase media y se establecieron nuevos tribunales constituidos democráticamente.

Todas estas reformas eran de innegable utilidad y, si se hubiera contado con la colaboración de la clase aristocrática se habría llegado a construir un gobierno estable. Lamentablemente la ceguera de la Corte y de la nobleza los movió a entorpecer de continuo la obra de la Asamblea, creyendo que así llegarían a salvar sus antiguos privilegios. Pero lo único que hicieron fue provocar al pueblo, facilitando de este modo la llegada de los peores extremistas al gobierno.

Otras medidas menos afortunadas pretendieron resolver la situación económica que seguía siendo desastrosa. La mayoría burguesa de la Asamblea no era partidaria de aumentar los impuestos para solucionar dicho problema; como tampoco querían tener nuevas dificultades con la nobleza, pensaron que la solución se hallaba en los bienes del clero. Por ello, a fines de 1789, decidieron que todos los bienes de la Iglesia, muy cuantiosos entonces, pasaran a ser propiedades del Estado, el cual por otra parte se comprometía a solventar todos los gastos del culto. Aprobada esta injusta confiscación, de inmediato se procedió a convertirla en bonos denominados “asignados” que contaban con el respaldo de dichos bienes. Lo mismo se hizo posteriormente con las pertenencias de la Corona y de los nobles emigrados.

Para completar esta reforma, al año siguiente se procedió a reorganizar la Iglesia de Francia: en adelante los obispos no serían elegidos por el Papa, sino por el pueblo, al igual que los curas, párrocos, quedando todos ellos sometidos al Gobierno.

Se estableció el matrimonio civil y el divorcio, se suprimieron las órdenes religiosas y se tomaron otras medidas que hirieron los sentimientos de la mayoría de la población. Está descartada política aprobada por la burguesía anticlerical de la Asamblea constituyó uno de los peores errores de la Revolución ya que disgustó a numerosos sectores populares y fue causa de permanentes conflictos.

La Huida del Rey: Triunfo Republicano

Entre tanto el Rey, mal aconsejado, cometió un grave error: considerándose prisionero del pueblo de París, en junio de 1971, junto con su familia abandonó disfrazado la capital y huyó hacia Austria para pedir ayuda a su suegro, el Emperador, y con sus tropas restablecer la autoridad.

Pero reconocido casi en la frontera, fue traído de vuelta a París en medio del más tétrico silencio: la consigna era “pena de muerte para el que lo vitorease, y palos para que el que lo insultase”. Su fuga hizo perder al Rey el poco prestigio que le quedaba. Los miembros de la Comuna lo acusaron de traición a Francia, y desde entonces la mayoría del pueblo se volvió “republicano”.

La Asamblea Constituyente prosiguió sus trabajos, y pocos días después de este funesto episodio dio a conocer la flamante Constitución que convertía a Francia definitivamente en una monarquía limitada: el Rey desempeñaba el poder Ejecutivo y sancionaba las leyes pudiendo vetarlas sólo un par de veces.

El verdadero poder residía en la ASAMBLEA LEGISLATIVA, elegida por los ciudadanos que pagaban impuestos: con ello se imponía el criterio burgués que limitaba los derechos políticos de acuerdo a la fortuna personal. También se declaraba que la Constitución era inviolable, pero podía ser reformada mediante una asamblea especialmente convocada, denominda CONVENCIÓN, elegida por los franceses mayores de 21 años.

Aprobada la Carta Magna, la Asamblea Constituyente se disolvió para dar paso al nuevo régimen; su obra había sido realmente magnífica. Aparte de los disturbios populares que fueron fácilmente sofocados, y de las reformas religiosas que dividieron al pueblo, los constituyentes en dos años de labor habían derribado el Absolutismo y creado una nueva Francia basada en la libertad y en la igualdad.

Fue indiscutiblemente la etapa decisiva y más fecunda de la Revolución Francesa. Pero por desgracia, al perder la burguesía poco después la conducción del gobierno, las cosas fueron empeorando visiblemente.

La Monarquía Constitucional: La Asamblea Legislativa (1791 – 1792)

Antes de separarse, en setiembre de 1791, los constituyentes habían prometido no presentarse como candidatos para integrar la nueva Asamblea. Los Clubes, por el contrario, se movilizaron activamente, de modo que en los comicios resultaron elegidos numerosos republicanos. Entre ellos, el grupo más decidido lo constituían los girondinos, jóvenes diputados de la región de Burdeos, antimonárquicos idealistas y partidarios aún de mayores reformas liberales: con su elocuencia y fogosidad pronto dominaron la Asamblea. La Legislativa duró sólo un año, caracterizándose por los permanentes choques mantenidos con el Rey, que se negaba sistemáticamente a aprobar sus leyes persecutorias contra el Clero y la Nobleza. Finalmente, esta tensión desembarcó en una abierta ruptura con motivo de un grave suceso.

Guerra Contra Austria y Prusia: Suspensión Del Rey

Los nobles refugiados en el extranjero continuaban abiertamente tramando planes para sofocar la Revolución y habían logrado reunir numerosas tropas concentrándolas sobre las fronteras de Francia. Frente a esta situación, la Asamblea francesa exigió a sus vecinos Austria y Prusia que cesara esta constante provocación y ante su negativa, en abril de 1792, los girondinos, confiando en que una pronta victoria afianzaría la Revolución, les declararon la guerra.

De inmediato se puso en evidencia que el ejército real carecía de organización y de oficialidad, ya que muchos de los jefes militares habían emigrado; por ello, en los primeros días los ejércitos enemigos cruzaron las fronteras comenzando la invasión de Francia. La situación era extremadamente seria. La Legislativa declaró entonces la “patria en peligro”, ordenando la leva en masa: por vez primera se estableció en Francia la conscripción obligatoria y todos los jóvenes fueron llamados a incorporarse para hacer frente al enemigo.

Estas circunstancias, el duque de BRUNSWICK, jefe de los ejércitos prusianos, cometió una torpeza que resultó fatal para Luis XVI creyéndole hacer un favor, a pedido de María Antonieta, emitió una enérgica proclama prometiendo tomar terribles represalias si los revolucionarios maltrataban al Monarca.

Esta insensata amenaza convirtió de inmediato en enemigos de la monarquía a todos los franceses: los jacobinos y la Comuna organizaron una revuelta popular, y en agosto, una multitud enardecida por DANTON, creyendo al Rey en tratos con los enemigos de Francia, asaltó el Palacio de las Tullerías masacrando a la Guardia Suiza. El Monarca y su familia a duras penas pudieron escapar de la muerte, refugiándose en la Asamblea, la cual, a pedido de los revoltosos, los encerró en la prisión del Temple. De inmediato, la misma Legislativa, decretó la suspensión de la autoridad real y persuadida de la necesidad de modificar el sistema monárquico, ordenó la convocatoria de una CONVENCIÓN que proclamara la República.

Por otra parte, la situación militar iba de mal en peor: los austriacos y prusianos luego de derrotar tres ejércitos franceses, se habían adueñado de la plaza fuerte de Verdún y se hallaban en marcha hacia París. El pueblo entonces se creyó traicionado, y su furor hizo explosión: el periódico El Amigo del Pueblo del jacobino MARAT aconsejaba com primera medida, exterminar a los traidores dentro del propio país, antes de luchar contra los enemigos exteriores. La sugerencia pronto encontró eco favorable.

En los primeros días de setiembre, la locura colectiva se apoderó del pueblo París: bandas de hombres y mujeres, armados con palos y cuchillos asaltaron las prisiones donde se hallaban detenidos los enemigos políticos, los miembros del Clero y hasta simples sospechosos, y los asesinaron a millares en una orgía de sangre. Esta horrible matanza, tolerada por la Asamblea, terminó por desacreditar la Revolución.

Entre tanto, el peligro común parecía haber despertado el entusiasmo general; millones de jóvenes se habían presentado como soldados, formándose así, nuevos ejércitos, comandados por generales de muy pocos años pero de reconocido patriotismo.

Con ellos, la situación varió totalmente: el 20 de setiembre, el mismo día de la reunión de la Convención, el general DUMOURIEZ derrotó a los prusianos en Valmy, deteniendo de este modo, a los invasores. La Revolución estaba así salvada.

De inmediato una ola de entusiasmo sacudió a Francia: nuevas tropas llegaron al frente popularizándose en todo el país la “Marcha de los Marselleses” hasta convertirse en el canto de la Revolución. El nuevo ejército entró de inmediato en Bélgica –posesión austríaca– y tras la victoria de Jemmapes se apoderó del país.

Hacia fines de 1792, las tropas habían penetrado en Holanda y también en el Norte de Italia. Todos éstos países, y varios principados alemanes del Rin en pocas semanas, se declararon repúblicas aliadas de Francia, y renegando del Absolutismo, adoptaron los principios revolucionarios.

Los soldados, mal vestidos y peor armados, suplieron estas diferencias por su gran entusiasmo y pronto se hicieron famosos por sus desconcertantes éxitos obtenidos en base a la rapidez de sus movimientos y la energía de los golpes: era realmente la Revolución Francesa en marcha.

La Convención: La República

Entre tanto, había tenido lugar la elección de Convencionales, y como era de prever los jacobinos lograron un resonante triunfo: sus partidarios constituyeron en la nueva Asamblea un grupo de dirigentes llamados “la Montaña” –por ocupar los asientos más elevados de la Sala de Sesiones–, y aunque eran minoría pronto se convirtieron en los dueños de la CONVENCIÓN, desplazando a los moderados girondinos.

De esta manera, esta tercera Asamblea Revolucionaria quedó totalmente en manos de los peores extremistas. Instalada en setiembre de 1792, en su primera sesión determinó por unanimidad la abolición de la Monarquía y el establecimiento de la REPÚBLICA, de acuerdo a la nueva Constitución que se iba a declarar.

Pero después, tras una parodia de juicio, Luis XVI fue condenado a muerte y el 30 de enero de 1793 fue aguillotinado. Este injusto e inútil crimen conmovió al mundo, y le mereció a la Revolución la enemistad de todos: 103 países.

Igualmente, en el interior de Francia el descontento iba cada vez en aumentó. La Vendée y la Bretaña, regiones tradicionalmente monárquicas y católicas, ante el asesinato del Rey se sublevaron contra la Convención, extendiéndose el movimiento por otras zonas y pronto más de la mitad del país se hallaba en guerra civil.

Al mismo tiempo, al situación militar luego del primer empuje victorioso había vuelto a empeorar: España, Inglaterra, Holanda y otras varias potencias, ante el asesinato de Luis XVI se habían sumado al Imperio y entre todas habían formado una COALICIÓN EUROPEA dispuesta a aplastar la Revolución y vengar así al Monarca. Para colmo de males, el general DUMOURIEZ, el héroe de Valmy, se había pasado con sus oficiales al enemigo. Por ello, a los pocos meses de estar gobernando la Convención, la situación era realmente crítica. Entonces los jacobinos, integrantes de la minoría directiva de la Asamblea, resolvieron obrar con extrema energía.

El Golpe Jacobino: El Terror

En el mes de junio de 1793, el pueblo de París, azuzado por la Comuna, se lanzó a la calle amotinado: los jacobinos, entonces, en un audaz golpe de mano, hicieron detener a todos los diputados girondinos, y tras acusarlos de ser los causantes de los desastres por su moderación, los enviaron a la guillotina y se adueñaron del gobierno. De inmediato el poder fue confiado a un Comité de Salvación Pública de 9 miembros elegidos por la Asamblea cuya principal figura fue ROBESPIERRE, y bajo su dirección se implantó en todo el país la más férrea dictadura.

El Comité llevó la represión a sus mayores excesos: se designaron Tribunales Revolucionarios inapelables, que juzgando sumariamente enviaron a la guillotina millares de víctimas de toda condición, entre ellos la reina MARÍA ANTONIETA y madame Du BARRY, en otro tiempo todopoderosa amiga de Luis XV.

Por todo el país se extendió una ola de terror que no respetó ni a sabios, como el químico LAVOISIER, ni artistas como el músico CHENIER, los mismos jacobinos se fueron eliminando unos a otros, entre ellos, DANTON, HERBERT, DESMOULINS, los girondinos y otros muchos revolucionarios de la primera hora.

A poco de asesinado MARAT, Robespierre y su camarilla quedaron como únicos dueños de Francia. Este personaje constituyó uno de los mayores enigmas de la historia: orador brillante, desinteresado al máximo, de una honradez intachable y sinceridad de convicciones republicanas que le valieron el nombre del Incorruptible, era al mismo tiempo frío, calculador y fanático hasta el cinismo.

Pretendió asegurar el triunfo de la Revolución implantando la “dictadura de la democracia”, y sólo consiguió desangrarla: por su sola orden, centenares de víctimas fueron enviadas diariamente a la guillotina en la más oprobiosa persecución que Francia jamás ha conocido.

Sin embargo, a pesar de estos desastres, la dictadura logró salvar la República: el matemático CARNOT miembro del Cómite se convirtió en el alma de la defensa nacional y organizando 14 ejércitos bien pertrechados y confiados a jóvenes generales de reconocido fervor revolucionario, en pocas semanas dieron cuenta de la COALICIÓN EUROPEA.

Las victorias de los generales HOCHE, MOREAU, PICHEGRÚ y varios otros verdaderos talentos militares, hacia fines de 1793 lograron la reconquista de Bélgica y de la otras Repúblicas aliadas, salvándose así nuevamente la Revolución. Del mismo modo las tropas sirvieron para aplastar la rebelión interna: los realistas y los católicos de la Vendée fueron dominados, siguiéndose de inmediato una terrible matanza de opositores al régimen.

Reacción Termidoriana: Labor Constructiva

El alucinante período de terror duró más de un año. Al final, la ola de asesinatos desatada por Robespierre y su camarilla hartó hasta a los mismos jacobinos. Por otra parte, pasado el peligro de la invasión enemiga, y sometidas las regiones sublevadas, ya no se justificaba la continuación de la siniestra dictadura.

Por ello, tras cuidadosa preparación, el 28 de julio de 1794, un grupo de convencionales, encabezados por FOUCHÉ y TALLIEN dieron un sorpresivo golpe, denominado del “Termidor”, por haber ocurrido en ese caluroso mes, así llamado según el nuevo calendario republicano. Detenido Robespierre por sorpresa, la Asamblea decretó también enviarlo a la guillotina con todo su grupo: su muerte señaló el fin del terror.

De inmediato, los moderados se adueñaron de la dirección de la Convención, dictando numerosas medidas para apaciguar los espíritus: se liberaron los presos políticos, se disolvió la Comuna y los Clubes jacobinos, y la plaza de la Revolución, donde estaba instalada la guillotina, fue llamada de “la Concordia”. Francia así, al salir de su pesadilla, volvía a respirar con tranquilidad como en los mejores días de la Revolución.

La Convención siguió sesionando un año más, realizando finalmente la tarea por la que había sido convocada: la reforma de la Constitución para adaptar el gobierno al sistema republicano. Al año siguiente, en octubre de 1795, finalizó su labor y promulgó la 2a Constitución –la del Año 39–. De inmediato la Asamblea se disolvió, para dar paso a las nuevas autoridades que ella misma establecía.

En realidad, aparte de la tiranía ejercida en la época del terror –totalmente injustificada– la Convención había llevado a cabo numerosas y provechosas reformas, con las que se completaba cabalmente la Revolución, y daba a Francia un nuevo régimen: por su iniciativa, se reordenó la instrucción primaria, se hizo obligatoria y gratuita, y se fundaron numerosas academias y museos (entre ellos el del Louvre).

Además se implantó el sufragió universal, instaurándose así el régimen democrático; se suprimió el complicado sistema de medidas antiguas, reemplazándose por el métrico decimal que actualmente se emplea en casi todo el mundo. Al mismo tiempo, se adoptaron importantes medidas de ayuda social: se repartieron extensas propiedades pertenecientes al Estado entre los que trabajaban, se emprendieron numerosas obras públicas para dar ocupación a los pobres, se combatieron las ganancias excesivas y se dictaron varias leyes contra los especuladores.

Con todo, otras reformas fueron menos acertadas. Así se estableció el nuevo calendario republicano, con la semana de diez días, si bien pronto cayó en desuso, las medidas antirreligiosas continuaron en pleno vigor: para impedir la propagación del ateísmo que se evidenciaba luego de la supresión del culto católico, se había impuesto el “culto a la diosa razón”, suprimido porteriormente por Robespierre y reemplazado por el culto al “Ser Supremo”. A su caída, las medidas persecutorias se suavizaron y el cristianismo volvió a gozar nuevamente de cierta libertad.

Pero, por encima de todo, los principios revolucionarios tuvieron amplia difusión: llevados por los ejércitos a los diversos pueblos vecinos, implantaron en ellos sistemas republicanos basados en la libertad e igualdad, diametralmente opuestos al Absolutismo.

El Directorio: 1795 – 1799

La nueva Constitución establecía definitivamente en Francia la República. Pero, ante el temor de caer otra vez en una nueva tiranía, como la de que acababan de librarse, se establecía que el Gobierno estaría a cargo de un DIRECTORIO de cinco miembros, elegidos por las dos Cámaras que componían el poder Legislativo: el Consejo de Ancianos, o SENADORES, y el Consejo de los Quinientos.

Ambas Cámaras por su parte serían elegidas por el pueblo. Sobre estas bases, parecía que la Revolución había llegado a su fin: tras cinco agitados años había puesto fin al Absolutismo, reemplazándolo por un régimen democrático.

De este modo, con la llegada del Directorio en 1795 se inciaba una nueva etapa en la vida de la nación: a partir de entonces, la tarea del gobierno sería la de madurar las conquistas revolucionarias. Pero por desgracia, el nuevo régimen se mostró totalmente incapaz de hacerlo.

Francia, en verdad, era una nación victoriosa y sus tropas ocupaban los paises vecinos transformados ellos también en repúblicas aliadas, pero en su interior continuaba el malestar y el desorden. Los antiguos partidos políticos, abusando de la libertad que se les había concedido, se disputaron el poder mediante continuos levantamientos que originaron una permanente intranquilidad pública.

El Directorio, cuya figura más influyente fue BARRÁS, duró así, hasta 1799, fueron cuatro años de anarquía y de desórdenes que amenazaron con arruinar las conquistas logradas. Las mismas autoridades dieron el ejemplo de corrupción y derroches más descabellados, como en los peores tiempos de la monarquía.

De esta manera la pésima administración, la frivolidad de los nuevos enriquecidos y la creciente miseria de las clases populares, hacía que todos desearan el establecimiento de un gobierno firme, que sin caer en los excesos de la Convención, encauzara al país en el orden y en el progreso.

Por ello, toda Francia comenzó a ver su salvación en el joven general BONAPARTE que, constituido entonces en jefe del ejército del interior, parecía reunir todas las condiciones deseadas.

Actividades de la Ficha sobre Desarrollo de la revolución francesa

En esta ficha de trabajo también observaras algunas actividades de Desarrollo de la revolución francesa donde los estudiantes de tercer grado de secundaria podrán desarrollar y poner a prueba su aprendizaje. Ahora te mencionaremos algunas de estas actividades:

1.- Clase social que simbolizó y lideró el nuevo poder de la Revolución Francesa:

  1. El Pueblo.
  2. El Campesinado.
  3. Los Obreros.
  4. La Burguesía.
  5. El Ejército.

2.- Diga que pertenece a la etapa de la convención:

  1. El 18 de Brumario
  2. Establece la Monarquía constitucional
  3. Dictadura de Robespierre
  4. Forma el imperio napoleónico
  5. Reunión de todos los estados

3.- Una de los siguientes Estados europeos destacaron por su acérrima política contrarrevolucionaria:

  1. Portugal
  2. Alemania
  3. Holanda
  4. Austria
  5. Italia

4.- Grupo radical que tomaron el poder estableciendo “el gobierno del terror” para eliminar toda oposición:

  1. Girondinos
  2. Jacobinos
  3. Montañeses
  4. Fuldenses
  5. Cordeleros

5.- Llamado “El incorruptible”, profundizó la represión, reconoció la existencia del ser supremo:

  1. Danton
  2. Marat
  3. Robespierre
  4. Desmoulins
  5. Cuathon

Esperamos que esta ficha didáctica sea de gran ayuda en el proceso de enseñanza a los estudiantes que cursan el 3ro año de la secundaria, ten en cuenta que este tema de Desarrollo de la revolución francesa pertenece al curso de Historia.

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