Rebeliones indígenas en el siglo XVIII para Tercero de Secundaria

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Rebeliones indígenas en el siglo XVIII

Introducción:

Durante la historia del Perú republicano, la mal llamada historia oficial prácticamente no le dedicaba espacio alguno a los indígenas y a su participación en la guerra por la independencia.Tal vez por eso han sido llamados «ciudadanos de segunda clase».

Hoy, gracias a los aportes y nuevos estudios que se han realizado para este periodo, podemos dedicar un tema a los indios peruanos en sus movimientos y rebeliones del siglo XVIII. Hagamos un poco de historia.

Los indígenas fueron los más perjudicados con la llegada de los españoles al Perú, es por eso que no nos debe extrañar que durante todo el Virreinato, las protestas, los motines y levantamientos, tanto de indígenas como algunas veces de esclavos, eran constantes, llegando incluso a poner en peligro el orden colonial imperante.

Los tiempos de la colonia fueron agitados en todo momento. Estos acontecimientos han quedado registrados en las crónicas virreinales. Seguro que ahora usted, alumno, se está preguntando por qué el Perú no logró por sí mismo su independencia.

Bueno, hay que reconocer que muchos de los movimientos o rebeliones estaban mal organizados (no contaban con una buena logística y menos con la necesaria unidad en todas las comunidades como para lograr sus objetivos) e imperaba el divisionismo de sus líderes.

Características:

  1. Surgen como respuesta a las reformas borbónicas, especialmente las administrativas y comerciales.
  2. No fueron exclusivamente indígenas, sino también involucra a otras castas sociales como mestizos y criollos.
  3. Gran porcentaje de los líderes se dedicaban al comercio de todo tipo de mercancías y con las reformas se perjudicaron económicamente.
  4. El mayor número de rebeliones o levantamientos se dieron en el sur andino.
  5. No son hechos aislados, sino respuestas a las coyunturas o periodos del contexto social.

Las Tres Coyunturas:

Durante todo el siglo XVIII podemos separarlos en 3 coyunturas o periodos con su propio derrotero de personajes. Las rebeliones indígenas son:

  1. 1726 -1750.- Era la época del Virrey de Castelfuerte. Se incrementan los ingresos de la Real Hacienda a través del Tributo y la Mita, a pesar que la mina de Potosí se encontraba en un retroceso de su producción.
  2. 1751 – 1756.- Coinciden con la legalización de los repartos mercantiles y el cobro de diezmos, siendo los indios los únicos perjudicados económicamente.
  3. 1777 – 1784.- Fue estimulada por las reformas del visitador José Antonio de Areche, terrible personaje de nuestra historia, quien como primera medida incrementó el porcentaje del cobro de las alcabalas.

Rebeliones Y Revueltas Del Siglo XVIII

Estas son las rebeliones de y revueltas:

El levantamiento de ignacio torote

Curaca de Catalipango. Brota en tierra de misiones franciscanas, siendo las márgenes del Perené y el Gran Pajonal los territorios más afectados. Las zonas de resistencia de los selvícolas a las formas de vida impuestas por los frailes se hizo patente en 1737, constituyendo el antecedente del formidable levantamiento de Juan Santos Atahualpa. Con astucia y muchísima cautela, Torote preparó el levantamiento, sus huestes eran un núcleo incondicional dispuesto a seguirlo sin vacilaciones.

Comenzó por atacar e incendiar su pueblo. Cosa igual hizo en el importante lugar de Sonomoro, retirándose al interior de la selva con el botín adquirido en ambas acciones. Alarmado, el virrey Marqués de Villagarcía (1736-1745), nombró gobernadores de frontera de Tarma y Jauja a Pedro Milla y Benito Troncoso, respectivamente. La entrada que se preparó con minuciosidad terminó por fracasar ante las dificultades del medio y la astucia del curaca rebelde.

Torote burló la persecución. Con la medida defensiva se mando construir un fuerte en el pueblo de Sonomoro. En el año de 1738 Torote fugó al interior de la selva, mientras se fundaban nuevos pueblos y se abrigaba la esperanza de una definitiva cristianización de las tribus selvícolas.

El año 1750

Todavía insurreccionada la selva, fue descubierta en Lima una peligrosa conspiración indígena, cuya etapa complementaria se desarrolló en Huarochirí, parece un movimiento distinto, aunque constituye una repercusión del levantamiento de Santos Atahualpa.

El virrey recibió un aviso de un eclesiástico sobre la preparación de un levantamiento destinado a desarmar a las tropas realistas, matar a los españoles y apoderarse de Lima para transformarla en la capital del restaurado Imperio de los Incas. Verificada la alarmante denuncia, se encargó las averiguaciones al oidor criollo Pedro José Bravo de Castilla, ayudado por un negro liberto que servía de espía.

Promotor de la rebelión era el indio Antonio Cabo, bajo cuya apariencia de ferviente católico se ‘‘ocultaba mortal odio y aversión de los españoles’’. Lo secundaba un decidido grupo, entre los que contaba a Francisco Inca, Miguel Suríchac y Pedro Santos.

Antes de levantarse intentaron por dos veces elevar representaciones ante el Rey. Fray Calixto de San José, agente ante el Rey de España, fue encerrado en un convento de Granada con prohibición de retornar al Perú. Los conjurados se reunían en el paraje llamado El Hornillo.

Como general de las fuerzas fue elegido Suríchac, cuyo segundo era Santos. El comando presentaba divergencias, pues mientras éste sostenía la necesidad de organizar suficientemente el golpe, aquel insistía en dar de inmediato el grito. Una junta de 12 miembros fue creada para gobernar en los momentos iniciales.

Con el fin de reunir adeptos en forma sigilosa, cada conjurado se comprometía a aportar un pequeño número de hombres, excepto Francisco Inca por tener su gente en Huarochirí. La proclama fue escrita por Ayala y se trazó un mapa de Lima señalando el lugar donde serían colocados los soldados, las piezas de artillería y otros detalles.

Cinco días antes del levantamiento acordado para el 29 de junio, día del arcángel San Miguel, fue delatado el movimiento y apresados los comprometidos. Fueron ejecutados Suríchac, Loreto Wallpa Mayta, Cabo y Reyes (22-7-1750). Ayala y Francisco Inca lograron huir.

Este último pasó a Huarochirí y logró convertir a su suegro en fervoroso partidario. A través de emisarios Francisco Inca organizó un plan general para la rebelión. Para ponerse a salvo de cualquier peligro, decidió residir en las alturas, bajando furtivamente a los pueblos cuando era muy necesario.

Con golpe sorpresivo se apoderó de la población capital, Huarochirí (25-7-1750), capturó al odiado corregidor Villa de Moros y ‘‘le comieron la lengua y bebieron chicha en su cráneo’’, cometiendo excesos con sus principales colaboradores.

Francisco Inca ordenó cortar los puentes, apoderarse del ganado, bienes y dinero de los peninsulares y apostó a sus hombres en lugares estratégicos. Papeles sediciosos fueron enviados a todas las poblaciones de la provincia, dando cuenta de la victoria de los rebeldes y exhortando a la adhesión. Para contrarrestar los progresos del levantamiento, el virrey Conde de Superunda remitió tropas al mando del Marqués de Monterrico.

Cuando todo hacía prever una lucha cruenta, la traición cambió el curso de los acontecimientos. Los indios fieles de Langui atacaron por sorpresa a un importante grupo rebelde y enviaron sus prisioneros a Lima; las tropas del Virrey, no encontrando resistencia, publicaron un indulto exceptuando a los cabecillas, y con gente del asiento minero de Yauli y de la región Tarma formaron e improvisaron un ejército que engrosó sus filas.

De Langui a Huarochirí avanzaron cometiendo toda clase de represalias. Francisco Inca fue condenado a muerte, junto con sus principales colaboradores. Se les cortó las manos a los muertos para que, al verlas, se acuerden de los atrevimientos’’, exagerándose las crueldades para aterrorizar a los indios. Simultáneamente, el oidor Bravo de Castilla y el Marqués de Monterrico, ambos criollos, recibieron ascensos y honores.

El fugitivo Pedro Santos fue capturado en Saña y ejecutado. La política de terror que siguió produjo la huida masiva de los indios. Por ejemplo, el cacique Sune, Juan Cajahuanca, condujo todo su ayllu hasta Atahualpa, en caso que éste derrotase en la sierra a las tropas del Virrey.

Desde 1776

Aparece la figura inédita y algo extraña de José Gran Quispe Tito Inga, cuyas actividades se hacen obstensibles al finalizar el año siguiente. Las primeras noticias de su persona están dadas por el maestre de campo Francisco de Laysaquilla (21-12-1777), al recibir éste un alarmante aviso del pueblo de Maras.

Se supo que un indio forastero había repartido diversas cartas en diversos pueblos, firmadas todas por el Gran Quispe Tito. Estaban especialmente dirigidas a personajes indios y mestizos, tanto de Maras como de Urubamba y Huayllabamba.

Con sagacidad explotaba la popular creencia que el año de los tres siete ‘‘se había de coronar un Rey Inca’’, favorable época que sería reconocible por multitud de alborotos e insurrecciones de indios contra sus corregidores. En sus cartas alentaba la realización de un gran levantamiento de indios en las provincias del Cusco, cuyo ejemplo determinaría una cadena de pronunciamientos favorables desde el Kollao hasta Quito, con el fin de formar un imperio igual al de los Incas.

Gran Quispe Tito aspiraba a ‘‘coronarse Rey’’, para cuya finalidad pedía soldados y dinero a los principales personajes indígenas. Exhortaba a iniciar una guerra de exterminio contra los pucacuncas o españoles, contando con armas que recogería del antiguo edificio que ocuparon los jesuitas y otras sacadas de Maras, Adoptando decididas actitudes de fuerza, ordenó cortar el puente del río Apurímac, porque había llegado el momento profetizado por Santa Rosa de Lima: cuando el puente se rompiera para que no llegasen al Cusco los soldados enemigos que mandaría el Virrey.

Apresado secretamente y sometido a tormento, José Gran Quispe Tito Inga confesó el móvil de su intento de subversivo. Agregó haber oído que de Quito llegaría un indio a coronarse. Él se oponía por tratarse de un descendiente del bastardo Atahualpa, cuyas pretenciones iban en detrimento suyo, como directo descendiente de la legítima rama de Huayna Cápac.

En su mensaje recordaba seguir la guerra contra los ingleses. Las autoridades lo mantuvieron preso durante tres años. El corregidor del Cusco, Fernando Inclán Valdez, certificó(18-12-1780)que Gran Quispe Tito murió a causa de haber comido ‘‘harina de cebada por hambre’’.

Desde 1776, los hermanos Tomás y Nicolás Catari

Provocaron ininterrumpidos alborotos en las provincias altoperuanas, como protesta contra los abusos cometidos por las autoridades de Chayanta. El corregidor peninsular Joaquín de Alós tenía como ayudante al abusivo mestizo Blas Bernal.

Éste, con el fin de atemorizar al cacique Tomás Catari, le impusó pena de azotes, hecho que determinó su viaje a pie hasta Buenos  Aires. El virrey Vertis escuchó sus quejas y le prometiójusticia. A su regreso, el corregidor Alós lo arrestó, pero actuando con rapidez y decisión, sus amigos y partidarios lograron libertarlo.

Insistió el Corregidor y lo apresó por segunda vez. A mediados de 1780, sus hermanos intentaron nuevamente sacarlo de prisión. Aprovechando que Alós estaba en el pueblo de Pocoata, se levantaron y lo detuvieron, proponiendo canje con Tomás.

Como éste no fue puesto en libertad, determinaron ejecutar al Corregidor. Sin embargo, éste demoró porque los indios de Macha y Pocoata querían ajusticiarlo en sus respectivos pueblos. Por fin se decidió efectuarlo en una zona limítrofe de los pueblos.

Entre tanto Tomás Catari había sido liberado y cumplía con su promesa de conducir a un lugar seguro al corregidor. Éste huyó disfrazado de monje hasta Tucumán. Allí se enroló en el ejército organizado para combatir a los rebeldes.

Juan Santos Atahualpa 1742-1775.

El gran líder de la resistencia amazónica fue Juan Santos Atahualpa, quien nunca fue vencido por los españoles y llegó a formar un poder nativo independiente del virreinato en la selva central del Perú.

Juan Santos fue para algunos indios amazónicos un Mesías Inca, un salvador de todas las miserias, un hombre que venía a sanar las enfermedades de la mente y del cuerpo, a traer justicia, libertad, paz. Un día llegó al Gran Pajonal este quechua del Cusco que decía ser el Inca Atahualpa, venía vestido de rojo y acompañado de un ‘‘apóstol’’ llamado Bisabequi.

Parece que era un inca noble porque hablaba latín y es probable que hubiese sido educado por los jesuitas en el colegio de Caciques del Cusco. Quizás viajó a Europa y al África. Había recorrido diversas partes de la sierra (Cajamarca, Cusco) reclamando los derechos incas.

Prometió a los indios un Nuevo Tiempo. Santos Atahualpa tenía ideas religiosas muy precisas y concretas, las cuales combinaba el catolicismo con otras tradiciones cristianas heterodoxas, así como la religión andina. Sostenía por ejemplo:

  1. La confesión directa de las culpas a Dios sin la intervención del sacerdote.
  2. La igualdad de todas las religiones como formas de relación con el Creador.
  3. La predestinación de los condenados.
  4. A la muerte de Cristo, Dios había creado a Huayna Cápac para que obrase de las mismas maravillas que Cristo y le pusó en el pecho el corazón del Espíritu Santo.
  5. El propio Santos Atahualpa era el Espíritu Santo, Tercera Persona Divina.

Actividades de la Ficha sobre Rebeliones indígenas en el siglo XVIII

En esta ficha de trabajo también observaras algunas actividades de Rebeliones indígenas en el siglo XVIII donde los estudiantes de tercer grado de secundaria podrán desarrollar y poner a prueba su aprendizaje. Ahora te mencionaremos algunas de estas actividades:

1.- La fuerza armada dirigida por Juan Santos Atahualpa (1742-1752) contra los españoles fue conformada por aborígenes del Gran Pajonal, (San Marcos 2005)

  1. Perené y Jauja
  2. Alto Huallaga y Cerro de la Sal
  3. Panao y Cerro de la Sal
  4. Perené y Cerro de la Sal
  5. Perené y Panao

2.- Juan Santos Atahualpa fue un líder de la resistencia indígena durante el siglo XVIII que (Villareal 1992)

  1. Se sublevó en la región central pero capituló finalmente ante los españoles en 1752.
  2. Se sublevó en la región central y se alió con Tupac Amaru de 1752 a 1780.
  3. Nunca fue vencido por los españoles y llegó a formar un estado independiente en la selva central.
  4. Se sublevó en la sierra sur liberando al Cuzco en 1780.
  5. Organizó un movimiento de resistencia entre la población aymara paralelo al de Tupac Amaru.

3.- La resistencia indígena en el valle de Vilcabamba termina en 1572 con la ejecución de (UNFV 1996)

  1. Sayri Tupac
  2. Santos Atahualpa
  3. Manco Inca
  4. Tupac Amaru I
  5. Tito Cusi Yupanqui

4.- Juan Santos Atahualpa encabezó la rebelión de Gran Pajonal durante el gobierno del Virrey:

  1. Duque de la Palata.
  2. Marquez de Mostesclaros.
  3. Conde de Superunda.
  4. Conde de Oropeza.
  5. Marque de Atavillos.

5.- Uno de los objetivos de las rebeliones del siglo XVIII era:

  1. La remoción de las malas autoridades locales.
  2. Recuperar los privilegios cacicales.
  3. Reformar sustancialmente las leyes indias.
  4. Un cambio estructural de la sociedad colonial.
  5. Emancipar al Perú del dominio británico.

Esperamos que esta ficha didáctica sea de gran ayuda en el proceso de enseñanza a los estudiantes que cursan el 3ro año de la secundaria, ten en cuenta que este tema de Rebeliones indígenas en el siglo XVIII pertenece al curso de Historia.

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